Jorge Luis Borges Portrait — Roman Muradov

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La tregua

La noche se hunde y pareciera que todo está dentro de uno o sobre ti. La noche se hunde en la noche y los dos vamos recorriéndola con los ojos puestos en el otro. Yo sigo tu sombra, tú juntas mis manos y nos vamos encontrando sin tregua. La noche se hunde y nosotros vamos tras ella, como intentando rescatar una parte que nos haga sentir seguros. Pero la noche no cobija a los cobardes y el peso del silencio de a poco la va desgastando, como si de golpe las luciérnagas dejaran de brillar y nosotros perdiéramos el rumbo.

La dignificación de la poesía

Santiago, 10 de septiembre de 2012

Queridísimo Óscar Hahn.

Sólo una emergencia con la salud de mi madre (87 años) me impidió enviarte antes un gran abrazo.  Vayan mis más profundas felicitaciones por el Premio Nacional que a ti te deberían haber dado el 2000, si no antes.  Es algo que no tiene que ver sólo con la justicia.  Creo sinceramente que la poesía se quedó atrás del mundo y que, al menos, tal como la hemos conocido, es un arte que se está apagando.  Pero ha sido un gran arte, el más hondo y vasto que ha inventado lo humano, y a lo único que creo que se puede aspirar, es a que se apague con un mínimo de grandeza y dignidad.  Los poetas bajaron del Olimpo, dice Parra.  Está bien, bajaron, ya se tomaron sus buenas vacaciones, ya farrearon bastante, ahora de nuevo todos para arriba a retomar el trabajo, a subir de nuevo al Olimpo para escribir juntos las letanías finales por 2800 años que están llegando a su fin. Tus poemas son parte crucial de esta gran despedida, libros como Arte de morir dignifican  el final de la poesía.  Te felicito, te felicito de corazón.  Y que no te preocupe el Olimpo, Óscar querido, al fin y al cabo el sitio no está mal, es sabido que el mejor aire es el de la montaña.  Trataré de subir a verte allí.

Un abrazo muy fuerte,

Raúl Zurita

Declaración Jurada

Entraron por la ventana del comedor. Lo recuerdo precisamente porque el vidrio reventó donde estaba colgado el reloj de mi madre; particularmente no soy amantes de los relojes, pero éste tenía el detalle de tener un cuervo que siempre se asomaba cuando la muerte comenzaba sus rondas – no somos, ni seremos seres que olviden el temor a la muerte, tal vez podríamos olvidar cualquier aberración pero no la muerte, ni lo que tenga algún aliento de ella –.