Declaración Jurada

Entraron por la ventana del comedor. Lo recuerdo precisamente porque el vidrio reventó donde estaba colgado el reloj de mi madre; particularmente no soy amantes de los relojes, pero éste tenía el detalle de tener un cuervo que siempre se asomaba cuando la muerte comenzaba sus rondas – no somos, ni seremos seres que olviden el temor a la muerte, tal vez podríamos olvidar cualquier aberración pero no la muerte, ni lo que tenga algún aliento de ella –.

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