El cuerpo femenino

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Nada tiene que ver el dolor con el dolor, nada tiene que ver la desesperación con la desesperación. Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas. No hay nombres en la zona muda.”

Enrique Lihn. Diario de muerte

Para hablar de la poesía de Alejandra Pizarnik, debemos evidenciar los dolores que la atormentaban desde pequeña y que cubrieron gran parte de su poesía, debemos tener conciencia de que la escritura era la única forma donde podía mermar el sufrimiento que la rodeaba. De esta forma, quisimos iniciar el análisis con un extracto del poema “Nada tiene que ver el dolor…” de Enrique Lihn y percatarnos que el sufrimiento ya no se podía manifestar como siempre, se debía lograr el giro, la acuñación de alguna palabra ‘nueva’ que diera la salida al dolor, sólo que en el caso de Pizarnik, la palabra se convertió en un nuevo cuerpo del poema que provocaba una externalización de lo sufrido; se creaba una nueva imagen al cuerpo femenino, además, de existir un erotismo implícito dentro de la palabra que terminaba siendo el nexo con el cuerpo.

El poema escogido es ‘Privilegio’, del libro “Extracción de la pierda de locura”, 1968:

Privilegio

I

Ya perdido el nombre que me llamaba,

su rostro rueda por mí

como el sonido del agua en la noche,

del agua cayendo en el agua.

Y es su sonrisa la última sobreviviente,

no mi memoria.

II

El más hermoso

en la noche de los que se van,

oh deseado,

es sin fin tu no volver,

sombra tú hasta el día de los días.

Al iniciar el análisis del poema, debemos mencionar que se cumplen – a nuestro entender – los puntos que muestran la visión del cuerpo femenino en la poesía de Pizarnik. De esta manera, se provoca una externalización del ‘yo’, donde el inicio del poema: “Ya perdido el nombre que me llamaba” genera esa dualidad o fragmentación del yo, donde el hablante se separa de su cuerpo. Y continúa con “su rostro rueda por mí/ como el sonido del agua en la noche” como señalando implícitamente la existencia de un amante, es la partida del algún amor, donde la palabra vuelve a ser el nexo con el cuerpo, lo que llega a ser lo innombrable como su vida misma – porque se separa en estas voces –. Así, “Y es su sonrisa la última sobreviviente, no mi memoria.” Nos muestra un erotismo escondido dentro del acto de la partida, simple, secreto, donde la sonrisa – lo corpóreo – es más que la fragilidad de la memoria o el tiempo. Por lo mismo, continúa hablándole a este amante en la segunda parte del poema, “oh deseado, es sin fin tu no volver, sombra tú hasta el día de los días.” Como si la muerte sea la dirección donde apunta la poética del cuerpo, donde lo corpóreo se relaciona con el erotismo y la muerte, la externalización el dolor en otro ‘yo’ que es capaz de soportarlo y llevarlo al extremo. Por lo tanto, el cuerpo del poema lo genera con su propio cuerpo y se fragmenta, teniendo por consecuencia la experiencia de la poeta y por otro, la división de estas voces o yo poéticos que se desenvuelven en el poema y muestran al lector, la resistencia que generaba la escritura de Pizarnik, como si el cuerpo y la palabra tuvieran la sexualidad al borde de un estallido y sea la muerte la culminación – y la salvación –  de todos los dolores que siente la poeta.

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