La dignificación de la poesía

Santiago, 10 de septiembre de 2012

Queridísimo Óscar Hahn.

Sólo una emergencia con la salud de mi madre (87 años) me impidió enviarte antes un gran abrazo.  Vayan mis más profundas felicitaciones por el Premio Nacional que a ti te deberían haber dado el 2000, si no antes.  Es algo que no tiene que ver sólo con la justicia.  Creo sinceramente que la poesía se quedó atrás del mundo y que, al menos, tal como la hemos conocido, es un arte que se está apagando.  Pero ha sido un gran arte, el más hondo y vasto que ha inventado lo humano, y a lo único que creo que se puede aspirar, es a que se apague con un mínimo de grandeza y dignidad.  Los poetas bajaron del Olimpo, dice Parra.  Está bien, bajaron, ya se tomaron sus buenas vacaciones, ya farrearon bastante, ahora de nuevo todos para arriba a retomar el trabajo, a subir de nuevo al Olimpo para escribir juntos las letanías finales por 2800 años que están llegando a su fin. Tus poemas son parte crucial de esta gran despedida, libros como Arte de morir dignifican  el final de la poesía.  Te felicito, te felicito de corazón.  Y que no te preocupe el Olimpo, Óscar querido, al fin y al cabo el sitio no está mal, es sabido que el mejor aire es el de la montaña.  Trataré de subir a verte allí.

Un abrazo muy fuerte,

Raúl Zurita

Realismo Visceral

Tal vez deberíamos ir en busca de Roberto; vaciar cada librería que contenga sus novelas y poemas, juntar cada entrevista que saliera publicada en revistas literarias. Podríamos transformarnos en detectives salvajes y ver si algo de Santiago está en él, y no la maldita Blanes. Tomar un auto y recorrer las calles que se abren a su nombre, a Roberto. Intentaríamos traerlo a Santiago, sacarlo de su sueño y decirle que todavía estamos vivos, todavía quedamos real visceralistas y caníbales dispuestos a todo por surgir desde el fondo.

El cuerpo femenino

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Nada tiene que ver el dolor con el dolor, nada tiene que ver la desesperación con la desesperación. Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas. No hay nombres en la zona muda.”

Enrique Lihn. Diario de muerte

Para hablar de la poesía de Alejandra Pizarnik, debemos evidenciar los dolores que la atormentaban desde pequeña y que cubrieron gran parte de su poesía, debemos tener conciencia de que la escritura era la única forma donde podía mermar el sufrimiento que la rodeaba. De esta forma, quisimos iniciar el análisis con un extracto del poema “Nada tiene que ver el dolor…” de Enrique Lihn y percatarnos que el sufrimiento ya no se podía manifestar como siempre, se debía lograr el giro, la acuñación de alguna palabra ‘nueva’ que diera la salida al dolor, sólo que en el caso de Pizarnik, la palabra se convertió en un nuevo cuerpo del poema que provocaba una externalización de lo sufrido; se creaba una nueva imagen al cuerpo femenino, además, de existir un erotismo implícito dentro de la palabra que terminaba siendo el nexo con el cuerpo.

El poema escogido es ‘Privilegio’, del libro “Extracción de la pierda de locura”, 1968:

Privilegio

I

Ya perdido el nombre que me llamaba,

su rostro rueda por mí

como el sonido del agua en la noche,

del agua cayendo en el agua.

Y es su sonrisa la última sobreviviente,

no mi memoria.

II

El más hermoso

en la noche de los que se van,

oh deseado,

es sin fin tu no volver,

sombra tú hasta el día de los días.

Al iniciar el análisis del poema, debemos mencionar que se cumplen – a nuestro entender – los puntos que muestran la visión del cuerpo femenino en la poesía de Pizarnik. De esta manera, se provoca una externalización del ‘yo’, donde el inicio del poema: “Ya perdido el nombre que me llamaba” genera esa dualidad o fragmentación del yo, donde el hablante se separa de su cuerpo. Y continúa con “su rostro rueda por mí/ como el sonido del agua en la noche” como señalando implícitamente la existencia de un amante, es la partida del algún amor, donde la palabra vuelve a ser el nexo con el cuerpo, lo que llega a ser lo innombrable como su vida misma – porque se separa en estas voces –. Así, “Y es su sonrisa la última sobreviviente, no mi memoria.” Nos muestra un erotismo escondido dentro del acto de la partida, simple, secreto, donde la sonrisa – lo corpóreo – es más que la fragilidad de la memoria o el tiempo. Por lo mismo, continúa hablándole a este amante en la segunda parte del poema, “oh deseado, es sin fin tu no volver, sombra tú hasta el día de los días.” Como si la muerte sea la dirección donde apunta la poética del cuerpo, donde lo corpóreo se relaciona con el erotismo y la muerte, la externalización el dolor en otro ‘yo’ que es capaz de soportarlo y llevarlo al extremo. Por lo tanto, el cuerpo del poema lo genera con su propio cuerpo y se fragmenta, teniendo por consecuencia la experiencia de la poeta y por otro, la división de estas voces o yo poéticos que se desenvuelven en el poema y muestran al lector, la resistencia que generaba la escritura de Pizarnik, como si el cuerpo y la palabra tuvieran la sexualidad al borde de un estallido y sea la muerte la culminación – y la salvación –  de todos los dolores que siente la poeta.