Sueño #23

Anoche soñé que caminábamos dentro de un bosque de robles blancos, y la neblina nos pintaba de un color grisáceo. Las pisadas que dábamos eran borradas por las sombras que se separaban de nosotros, parecían ser dos enanos fugándose entre los troncos. No teníamos nada y nos enfrentábamos al olvido como otros lucharon por la libertad con mosquetes y cuchillos. De pronto, comenzabas a  construir las huellas con las ramas secas que – milagrosamente – caían del cielo, en un intento irrevocable del bosque por querer ser parte del recuerdo. La neblina seguía pintándonos el cuerpo, la luz – si es que a eso se le puede llamar luz – venía atada en el tobillo de una golondrina junto a una carta. La leí en voz alta: “No puedo hablar con mi voz, sino con mis voces. Quién te garantiza que tú no eres la sombra de algunos de mis yo.” La carta se incendió y la golondrina pareció cruzar el cielo, al menos  eso te dije, o pensé en decirte. Pero me encontré solo en el bosque, con las cenizas que el viento revoloteaba entre mis piernas.